El número de usuarios de cigarrillos electrónicos ha ido incrementándose en los últimos años en todos el mundo y solo en el Reino Unido, se han estimado cerca de tres millones de consumidores de este nuevo dispositivo. Algunos de estos fumadores volverán a recaer en el tabaco convencional otros, dejaran de fumar definitivamente cigarrillos. Ahí reside el problema: en la actualidad no disponemos de una certeza absoluta de si su uso es seguro o no.

Los cigarrillos electrónicos se diseñaron originalmente como una alternativa al tabaco convencional y que se convirtieran en una ayuda para dejar de fumar. Se administraba nicotina con un dispositivo distinto en un contexto más seguro y de la misma forma- inhalando-.

Todos los que existen en el mercado tienen la misma base de funcionamiento : una batería que calienta un líquido que genera el vapor que inhala el consumidor. La gran mayoría de líquidos llevan glicerol, propilenglicol y diversas cantidades de nicotina junto con algunos aromatizantes.

El concepto del público frente a estos nuevos cigarrillos ha ido cambiando. En el año 2013 solo el 7 % pensaba que eran perjudiciales en comparación a casi un 26 % que lo consideraba dañino en el año 2017. Estas diferencias podrían ser debidas a las controversias a favor y en contra que se han generado en los últimos años. Pero , ¿con que nos debemos quedar? ¿Es útil y seguro para dejar de fumar?

¿Cómo saber la verdad?

La clave estaría en conocer a qué químicos se expone el usuario, a que dosis y si esto, en definitiva, representa un daño para la salud. Para llegar a conclusiones válidas los investigadores han realizado estudios usando distintas estrategias para averiguar que sucede cuando alguien usa un cigarrillo electrónico.

Las respuestas, una vez más, son contradictorias. Cuando un grupo de ratas fue expuesto a las concentraciones habituales de glicerol, propiglenglico y nicotina durante 90 días no se observo toxicidad ni alteraciones en la salud de los animales.

De todas formas otra investigación, utilizó células a las que sometió a estos líquidos para averiguar si aparecían los signos de inflamación o se producían cambios en estas células. Comprobaron que se producía inflamación que podría ser el origen de las enfermedades respiratorias crónicas.

Estos serían solo dos ejemplos de estudios contradictorios. Existen más. ¿Cuál debería ser nuestra conducta frente a estos resultados? Lo que si es cierto es que todos estos productos llevan cantidades significativamente inferiores de productos tóxicos en comparación al tabaco convencional ¿Es esto suficiente para recomendarlos?

Seguimos con la duda de seguridad pero con los años que el producto lleva en el mercado no se ha observado entre sus consumidores un riesgo superior a los consumidores de tabaco convencional, sino todo lo contrario. ¿Con quién debemos compararlos?: con los fumadores o con la población no fumadora. Gran duda.