A principios de este mes de octubre más de 70 expertos en tabaquismo  de diversos países sin ningún tipo de relación ni conflicto con las industrias relacionadas con el tabaco y su tratamiento, se dirigieron al director General de la OMS solicitando que consideren el uso de las nuevas tecnologías entre los fumadores que intentan dejar de fumar.

Los expertos acusan a la OMS, y a los responsables del convenio marco de la OMS para el control del tabaquismo, de adoptar políticas que pueden ser altamente perjudiciales en la lucha contra el tabaquismo como la prohibición de los cigarrillos electrónicos, tratar todo el tabaco sin humo de igual forma y regular los cigarrillos sin combustión como si fueran cigarrillos. Son posturas que en definitiva protegen al comercio de cigarrillos, perpetúan el uso de cigarrillos convencionales y, en definitiva, continúan causando más enfermedades, muertes y sufrimiento.

Los autores de la carta argumentan que el campo del control del tabaquismo ha evolucionado significativamente des de la firma del convenio en el año 2003 y que actualmente no podemos ignorar el creciente mercado de los sistemas alternativos de suministro de nicotina que van apareciendo en el mercado y que estos sistemas pueden permitir la obtención de unos beneficios claros a través de la reducción del daño causado por el tabaco convencional. Los fumadores que no quieran, o no puedan, dejar de fumar pueden cambiar a productos, a pesar de todas las dudas que puedan existir, mucho más seguros que los cigarrillos convencionales.

Por otra parte los expertos vienen a expresar que las estrategias de reducción de daños es ya una estrategia ampliamente utilizada en salud pública como en el control de la infección por el VIH, uso de drogas ilegales y salud sexual, por ejemplo. Esta estrategia debería contemplarse en la lucha contra el tabaquismo e incorporarse como un componente más de esta lucha: el objetivo es dejar de fumar ahora bien, cuando esto no es posible deberíamos disminuir el riesgo lo máximo posible.

En definitiva, concluyen, que el desconocimiento de los efectos a largo plazo de estos productos no deberían bloquear estas estrategias dado que es posible que la información sobre estos efectos no los tengamos en décadas pero actualmente disponemos de la suficiente información como para afirmar que todos estos productos sin combustión  son mucho menos dañinos que fumar cigarrillos convencionales.

Las estrategias de reducción de daños, con toda su complejidad, tendrá un papel en el control tabaquismo en un futuro casi con toda seguridad y es necesario que la contemplemos en todas las dimensiones posibles, costes y beneficios, y hacerlo de una forma equilibrada y desapasionada.